La estrella negra (C.C. B. Kızıltan & T. Karacan)
La estrella negra (C.C. B. Kızıltan & T. Karacan)

— ¿Qué es lo que temes? — Preguntó el tripulante — ¿El frío? ¿La oscuridad?

— No — replicó el pasajero con melancolía, sin retirar sus peculiares ojos de la escotilla y tratando de no perder de vista aquel pálido punto azul que se alejaba en el espacio. — La temperatura es hostil, desde luego. Sombrío recordatorio de la muerte térmica que, algún remoto pero inexorable día, supondrá el fin del universo. Pero aún nacen estrellas. Puntos singulares de luz y calor, capaces de transformar su alma de hidrógeno en miles de grados de brillante energía. Y corresponde siempre a las más jóvenes poner todo su empeño en ello.

— ¿Acaso la vastedad? ¿La sensación de insignificancia?

— Impone, verdaderamente. Pero dicen que todo cuanto somos y cuanto nos rodea procede de un breve instante de tiempo, de un punto infinitamente pequeño. Dicen que todo cuanto existe y ha existido en el universo deja una traza indeleble de información cuántica en el tejido del cosmos. Aunque tal cosa, me temo, roza ese tipo de fe que, cuanto menos se entiende, más consuela.

— Entonces, ¿quizá el vacío? ¿La nada?

— Desolador, sin duda. Pero el vacío perfecto no existe, ni siquiera en el espacio exterior. Siempre hay algo. Siempre queda esperanza. Incluso para una especie que, cuando le señalan el camino correcto, no sabe mirar más allá de la punta del dedo. Extraño planeta somos, orbitando siempre alrededor de nuestras pequeñas e ilusorias lunas…

— ¿Qué es lo que temes, pues?

— Te lo diré, Caronte. Allí donde me llevas no alcanza el mayor logro de mi civilización. No cabe el mejor rasgo de la humanidad. En esa estrella negra, en ese espacio exterior al que me arrojas no se propaga el sonido y, por tanto, no existe la música. El silencio. El silencio es a lo que temo.


Pequeño homenaje a David Bowie en el tercer aniversario de su muerte.

Luis Pabón

Luis Pabón

Editor y autor principal de Metagrama. No practico la escritura con aspiración de competencia, sino como forma de expresión, aprendizaje y autoconocimiento. Mi inquietud creativa nunca ha sabido limitarse al ámbito técnico que me da de comer (orientado a la resolución de problemas), por lo que busco alimento existencial en las otras muchas y diferentes manifestaciones de la creatividad. No es tanto una vocación como una necesidad fisiológica.

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